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  • Maria Urieta G.

Alimentación & Salud Mental

Uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta en nuestro estilo de vida es la alimentación. Cuando empecé a sufrir ansiedad, lo acataba a algo emocional. Cierta situación que me estaba creando un cúmulo de emociones que era incapaz de gestionar. Pero entrando más en materia y leyendo más sobre este tema en concreto, me sorprendí...


Actualmente, la sociedad española consume una media de 76,3 gramos de azúcar diarios. A simple vista, no parece una cantidad que nos deba alarmar. Sin embargo, la OMS aconseja como máximo el consumo de 25 gramos de azúcar... Es decir, doblamos la cantidad diaria recomendad.


No os voy a engañar. Toda mi vida he crecido consumiendo grandes cantidades de azúcar de manera diaria. Seguramente recordéis qué hacíais cuando vuestros abuelos os entregaban a escondidas un euro o cien pesetas. Invertíais el dinero en la tienda local que estaba repleta de golosinas. Distintos colores y sabores. Regalices. Sugus. Los famosos chicles de melón -mis favoritos-.Pica-pica... Recuerdo que la visita a Lola -típica tienda local- era semanal. Bien se vale, que por aquella época todavía no teníamos los congeladores llenos de comida pre-cocinada y todavía degustábamos los buenos platos de puchero.


Ahora, la cosa ha cambiado. Los supermercados están repletos de comida pre-cocinada, grandes cantidades de aditivos o colorantes, y contienen azúcar para un ejército de caballería. Las cadenas de renombre como KFC, Mcdonalds, o Burguer King, han duplicado sus establecimientos en la geografía española. ¿ Y cuál es la consecuencia? Aumento de las enfermedades cardíacas, la obesidad infantil, la diabetes y... las enfermedades mentales como depresión.


En definitiva, en la población están aumentando enfermedades que se pueden prevenir. Sabemos de sobra que nuestra alimentación es la base de nuestra calidad de vida. Tenemos estudios hasta debajo de las sábanas, pero hacemos caso omiso. No lo ponemos en práctica. Dejando que el problema avance a pasos agigantados.




Cuando empecé a leer sobre la ansiedad, me sorprendió cómo la alimentación puede determinar tu estado anímico. Y si, tiene mucha más relación de la que os imagináis. Consumía comida pre-cocinada de manera diaria. Las grasas trans estaban presentes cada mañana, y mi cuerpo estaba alterado. Me sentía pesada y cansada. E incluso a veces, sólo deseaba llegar a casa para poder dormir durante el resto del día.


Ciertos estudios determinan que un alto consumo de comida procesada, grasas trans así como de azúcar refinado incrementan las probabilidades de padecer depresión. Y que por el contrario, un alto consumo de comida real (frutas, verduras, productos frescos) hacen que nuestro estado anímico mejore previniendo no sólo enfermedades de carácter mental como la depresión, sino problemas tales como diabetes, obesidad, presión arterial...


Es evidente que no lo es todo, pero sí que es de vital importancia percatarnos qué tipo de combustible le estamos dando a nuestro organismo. Evidentemente, nuestro cerebro no va a funcionar igual si le damos chucherías o donuts para trabajar, que si le proporcionamos verduras o frutas. ¿A vuestro coche le pondríais diesel si es gasolina? No ¿Verdad? Entonces... por qué le das productos de bajo valor nutricional a tu propio cuerpo... Trabaja 24 horas durante 365 días al año. Y, si todo va bien, trabajará una media de 80 años. ¿No se merece que cuidemos de él?. Resulta complicado, sí. Pero os aseguro que merece la pena.


Tras hacerme con las evidencias científicas -vale, siempre he sabido que las palmeras de chocolate no contaban como fruta, pero me costaba despertarme de ese sueño- empecé a cuidar más mi alimentación. Y cometo pecados de vez en cuando - En navidades especialmente-, pero la diferencia es brutal. Actualmente, consumo una media de tres frutas o más al día, como verduras cada día y limito el consumo de azúcar lo mínimo posible. ¿El resultado? Mi calidad del sueño ha mejorado con creces -Tenía que contar cien ovejas antes de dormirme-, no estoy cansada cuando llego de trabajar, y noto cómo tengo energía para todo el día sin necesidad de recurrir a la famosa siesta española.


Mis cambios empezaron poco a poco. Primero dejé de consumir cafeína de manera diaria. Luego cambié los snacks dulces por fruta. Y al final, empecé a cuidar no sólo qué comía, sino también cómo lo cocinaba... Olvidaos de que se trata de hacer dieta, por que realmente no es así. Es un estilo de vida. Un forma que tenemos de cuidarnos a nosotros mismos. Y tras experimentar las diferencias, os aseguro que no querréis darle un mal combustible a vuestro organismo.


Por supuesto, es un proceso largo. Roma no se construyó en un día. Por eso, os dejo tres libros que me ayudaron a mejorar mi calidad de vida así como mi alimentación. Y que tras un par de meses, la diferencia a nivel emocional es espectacular. Ahora, mi ansiedad es mínima, y conozco tan bien mi organismo que sé cuando necesito comer más verduras o más frutas según lo que me pida mi cuerpo.


1. Comer, sentir... vivir (Jorge Pérez Calvo)

https://www.jorgeperezcalvo.com/comer-sentir-vivir

Este fue el primer libro que leí sobre la alimentación y los estados emocionales. Aprendes que la alimentación influye en tu estado emocional, y por qué pasa esto.


2.La digestión es la cuestión (Giulia Enders)


Es un libro que me sorprendió bastante debido a la poca importancia que le damos al intestino, y el gran trabajo que hace en nuestro organismo. Además resulta bastante gracioso, y te explica todo lo necesario para que entiendas cómo trabaja tu cuerpo cuando hace la digestión de una manera sencilla y clara.


3.Come comida real (Carlos Ríos)


Seguramente todo el mundo conozca a Carlos Ríos. En su libro expone todos sus conocimientos para abrirnos los ojos y llevar un estilo de vida donde no se incluya el consumo de alimentos procesados. También tiene un blog donde frecuentemente publica artículos usando siempre las evidencias científicas. Para mi, es un genio que está despertando a miles de personas.


Con estos libros os animo a que conozcáis los beneficios de cuidarse por dentro. La alimentación es nuestro combustible, y yo personalmente, no me quiero quedar tirada a los treinta y cinco porque no le he puesto suficiente gasolina a mi organismo.


¡Nos vemos el sábado!


Hasta la próxima :)

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